domingo, 15 de julho de 2007

El hada y la Luna

Es tarde y no oigo el maullo del viento. No puedo dormir con ese calor tan fuerte. Quería que fuese invierno y el techo estuviese blanco. Todo muy blanco y gris, con vientos helados que hacen temblar a todos, pero a mi no. Yo disfruto más que nadie al frio y el invierno tan solo me deja la nariz roja. Aunque por un momento logré sentir un frio en la nariz, no fué más que un brazo de viento suave. No fué fuerte, pero cambió completamente la atmósfera de mi habitación. Algo se mueve entre las sombras de la pared y empiezo a soñar otra vez. Sueño todavia más lejos, se cierran mis ojos y sé que algo vá a ocurrir. Con la magia en los ojos de un niño, espero a una hada que me lleve a unas ruinas mágicas. Es un templo celta que se abre con la luna llena en terras de Galícia. "Unha terra de meigas e árbols máxicas, donde moran espíritos ancestrais, que coñecen as sementes e as cantigas das augas". Allí, me lanzaré a una aventura cuyo final es una muerte dolorosa y bella, trás probar mi valor y llegar a la conclusión de que lo que había leído en los libros no eran tonterias, sino toda una vida, toda una verdad. Y entonces vuelvo del transe y veo otra vez algo que se mueve en las sombras. Siento un peso en las sábanas de mi cama. Y oigo a un maullo, pero es de Luna, mi gata. Sus ojos brillan en la oscuridad y ella se acerca para que yo la acaricie. Dulce nostalgia de algo que nunca pasó. Amargo recuerdo de que ya no soy un niño que puede soñar.

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